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Prospettiva Marxista y nosotros: balance de una experiencia.

Creato: 15 Maggio 2014 Ultima modifica: 03 Ottobre 2016
Scritto da Istituto Onorato Damen Visite: 1373
Estimados compañeros: os envío la traducción al español de "Noi e Prospettiva Marxista: bilancio di un’esperienza".

 

 

Aunque es una respuesta de un grupo italiano a otro grupo italiano, el escrito contiene cuestiones de interés general para todos los comunistas, y expresa opiniones clave sobre cambios históricos en las últimas décadas.

 

 

 

No olvidéis indicar que el artículo "Sindicato, lucha económica y conflicto de clase en la época de la precariedad laboral" , al cual se hace referencia en el texto, está traducido también al español.

 

 

 

Saludos comunistas!

 


 

Compañeros:

 

He aquí, por fin, nuestras aclaraciones sobre las razones que nos han llevado a romper el trabajo común  sobre la historia de la izquierda comunista italiana.

 

En nuestra opinión, las divergencias metodológicas y políticas surgidas en el curso de anteriores discusiones son tales y de tal magnitud que hacen necesario un esfuerzo complementario de profundización en nuestro conocimiento recíproco, a fin de poder definir mejor el terreno y las modalidades de la discusión, y, sobre todo, si desarrollarla, y en que dirección.

 

Tres son las cuestiones sobre las que las divergencias nos parecen mas hondas:

 

 

 

- La primera es, sin duda, el análisis de la crisis actual del modo de producción capitalista

 

- La segunda atañe a las nuevas formas del dominio imperialista tal y como han ido desarrollándose a partir de los primeros años 70 del siglo pasado.

 

- La tercera se refiere a la concepción del partido revolucionario, de la relación partido/clase, de sus tareas, de su función y también de su forma organizativa.

 

Por lo que respecta a la primera, consideramos que la crisis actual, iniciada en los primeros años 70 del siglo pasado, tiene un carácter estructural teniendo su origen en la creciente dificultad con que se encuentra el sistema capitalista para compensar, en las formas descritas por Marx en el Libro III de El Capital, la caída tendencial de la tasa media de beneficio, cuya aparición ha marcado el final de la fase ascendente del ciclo de acumulación capitalista indicado tras la segunda guerra mundial.

 

Por lo que deducimos de vuestros escritos y por lo que habéis mantenido en todos nuestros encuentros, para vosotros, por el contrario, el capitalismo está viviendo todavía una fase expansiva y la crisis actual no sería diferente de tantas crisis de desequilibrio entre los diversos sectores productivos y entre las fases de producción y circulación de mercancías que han caracterizado siempre el modo de producción capitalista. En resumen: una crisis de crecimiento, que se pude reconducir a la ley del desigual desarrollo capitalista; pero nada más y nada nuevo. Ni nos convence el método de investigación sobre el que basáis vuestro análisis, centrado únicamente en la lectura de algunos datos estadísticos.

 

Por ejemplo, como apoyo de vuestra tesis aducís los datos relativos al desarrollo de las denominadas áreas emergentes porque será necesario compararlos con aquellos datos de signo opuesto relativos a la marcha del ciclo económico en las zonas capitalistas mas avanzadas, y no sólo los datos relativos a la marcha de lo que consideráis ser el indicador macro económico por excelencia, el Producto Interior Bruto mundial.

 

El P.I.B. es sin duda un importante indicador, pero éste, incluyendo algunas actividades tales como por ejemplo los servicios bancarios y de seguros (por no hablar del elevado grado de arbitrariedad con la que se atribuyen valores a sus distintos factores) mal se presta a convalidar o invalidar una ley que, procedente de la ley  marxista del valor-trabajo, y específicamente de la relación contradictoria entre los elementos constitutivos del capital (capital constante y capital variable), implica necesariamente una valorización del movimiento global del ciclo D-M-D’ , que el dato estadístico no es capaz de representar en ningún grado, y eso cuando no es totalmente confuso.

 

Como ya hemos tenido ocasión de precisar en el artículo Mentre la crisi si aggrava gli economisti marxisti parlano di statistiche aparecido en el nº 5 de D-M-D’- la búsqueda de la confirmación y la actualidad de esta ley puede darse únicamente relacionando el dato matemático con el conjunto de los fenómenos económicos financieros, sociales y políticos en su continuo devenir, es decir, sirviéndose del método de abstracción determinada sobre el que, por otra parte, descansa toda la crítica marxista de la economía política.

 

Puede crecer el P.I.B. y empeorar considerablemente la condición del proletariado. Puede darse un crecimiento del mismo y al mismo tiempo una reducción de salarios, etc. Pero especialmente, ese P.I.B. no nos explica la causa de algunos de los fenómenos mas significativos de nuestro tiempo como el extraordinario crecimiento de la esfera financiera y de la actividad especulativa relacionada con la misma y/o la creciente divergencia entre el progreso técnico-científico y el social, la creciente proletarización de capas medias así como las modificaciones en las composición de clase del proletariado así como, en ciertos aspectos, de la misma burguesía, sucedidas en el curso de la última década. Y nada nos dice sobre la constitución de un mercado mundial de la fuerza-trabajo y sobre como esto modifica las relaciones de clase y las circunstancias de la misma lucha de clase, tanto a corto como a medio y largo plazo.

 

Por no hablar del violentísimo ataque a las condiciones de vida y trabajo del proletariado (ataque al salario directo e indirecto, precarización laboral, eliminación de pensiones, etc., etc.,) y del desmantelamiento del estado de bienestar, considerado por la misma burguesía, hasta hace unos decenios, un instrumento fundamental para la conservación del modo de producción capitalista.

 

A riesgo de equivocarnos, matizamos ahora que para nosotros de éste análisis no se deduce otro, sostenido por algunas corrientes consejistas, sobre la inevitabilidad de la revolución comunista. Así, consideramos que por ejemplo, si la unificación del mercado de trabajo a escala mundial por muchos motivos pudiera favorecer el éxito de una eventual futura revolución comunista, hoy y quizás por algún tiempo más, dado el enorme impulso que da a la competencia entre los proletarios mismos, constituye, junto con la nueva organización y división del trabajo, un factor de fuerte debilitamiento del proletariado, en tanto en cuanto modifica de forma radical todas aquellas condiciones materiales que en el pasado han constituido el humus en el que la clase obrera ha podido madurar  la conciencia de clase en sí, que es la base de la conciencia para sí, es decir, de la conciencia revolucionaria o comunista, si así se quiere denominar.

 

Estrechamente conectada con los diversos análisis de las crisis, están también las distintas valoraciones que hacemos de la actual fase del imperialismo y de las nuevas formas de apropiación parasitaria que se han afirmado en el transcurso de las últimas décadas, junto a aquellas ya examinadas por Lenin en los inicios del pasado siglo.

 

A estos efectos, nos deja realmente perplejos el hecho de que consideréis sucesos de importancia histórica, como los acuerdos de Bretton Woods primero, y la denuncia de los mismos por parte de los EE.UU. después, totalmente irrelevantes y/o sustancialmente no influyentes sobre las formas del dominio imperialista ni sobre las relaciones inter imperialistas ó sobre la misma lucha de clases respecto a lo ya elaborado por Lenin y a las indicaciones táctico-estratégicas que de los mismos se puede extraer.

 

Para nosotros, por el contrario, el establecimiento de un sistema de pagos internacionales basado en billetes no convertibles y no sobre una moneda mercancía, haciendo posible (entrelazándose con los mecanismos de apropiación parasitaria de plusvalía basada en la exportación del capital financiero, es decir, según la definición de Hilferding y asumida por Lenin, de “aquel capital bajo forma de dinero que se transforma en capital industrial”) el desarrollo de formas de apropiación basadas sobre la producción de capital ficticio, ha inaugurado una nueva fase del imperialismo.

 

Se ha tratado por tanto de una auténtica revolución –por otra parte prevista por Marx en el Primer libro de El Capital- que, haciendo de la producción de dinero, como pura abstracción de valor, el método mas potente para el ejercicio del poder imperialista, ha modificado radicalmente las relaciones entre las diversas fracciones de la burguesía internacional y por consiguiente también las relaciones inter imperialistas y las relaciones entre las clases. De ello se ha desprendido, de hecho, una red de intereses que unifica a diversas fracciones de las distintas burguesías nacionales incluso más allá, si no en total conflicto, de los propios intereses de los respectivos Estados nacionales. Por lo que, por ejemplo, mientras la banca central china, en cuanto mayor detentadora de la deuda pública estadounidense, corre en apoyo de la FED, simultáneamente los EE.UU. y China se encuentran en lucha en frentes opuestos, en esa lucha que en su tiempo definimos como guerra imperialista permanente, o en la carrera de acaparamiento de las materias primas estratégicas de África.

 

Se trata de una gigantesca contradicción que se refleja, junto a la continuidad de la guerra imperialista, en la tendencia a romper cualquier cosa que se oponga, siquiera marginalmente, a la libre circulación de capitales a escala mundial, y en la tendencia a la constitución de zonas monetarias y de organismos estatales que las gestionan, a escala supranacional.

 

Se trata de un contexto muy diferente, que está incidiendo no poco tanto sobre la misma composición de clase del proletariado como de la misma burguesía, favoreciendo la tendencia a una fuerte polarización de la sociedad con la desaparición, por una parte, de la aristocracia obrera y a la proletarización de capas medias, y, por otra parte, a la constitución de una consistente fracción de la burguesía como clase “global”, que “recolecta” plusvalía en cualquier parte del planeta mediante la apropiación del cada vez mas sustancioso rendimiento financiero que la producción de capital ficticio genera.

 

Traducido en términos de lucha de clases, esto hasta ahora ha supuesto un extraordinario debilitamiento del proletariado que, obligado a enfrentarse por segmentos nacionales contra un enemigo  “global”, ha tenido que sufrir impotente una reducción drástica del valor de la fuerza-trabajo a escala mundial. Por tanto… ¿es verdad que nada ha cambiado?

 

Por el contrario, para nosotros de aquí nace la necesidad de una profunda reflexión crítica sobre los caminos a seguir en el proceso de construcción del partido comunista y en la definición de su acción táctica y estratégica, así como del papel de los organismos de lucha económica, y en particular de los sindicatos en esta nueva fase del imperialismo. Y aquí hay que subrayar que esta última cuestión nos ha visto en posturas totalmente divergentes también en años pasados, cuando nosotros militábamos en Battaglia Comunista y vosotros en Lotta Comunista.

 

Y entramos en la tercera cuestión, la relativa a la concepción del partido. En los artículos Ci vuole il partito ma quale? y Sindacato, lotta economica e conflitto di classe nell’era della precarietà del lavoro hemos indicado nuestra opinión sobre  cuales son los principales nudos cuya resolución  constituye la premisa desde la que moverse para que pueda tener lugar el proceso de reconstrucción del partido revolucionario.

 

En vuestra publicación “Riflessioni sulla questione del Partito” distinguís entre organización y partido. La primera estaría compuesta por revolucionarios y el segundo por cuadros, definidas así estas dos figuras: “ El revolucionario es tal porque posee características esenciales que se pueden resumir en el reconocimiento de la inevitabilidad de la crisis del sistema capitalista, en la necesidad de su superación, de una subversión violenta en presencia de condiciones sociales revolucionarias y una consiguiente acción política que va más allá de la aceptación formal de la transitoriedad del régimen capitalista y de la necesidad de la revolución”. El cuadro, por el contrario, “debe haber conseguido una profunda asimilación del método marxista capaz de permitirle identificar las contradicciones de la formación económica-social en la fase histórica específica y poderla aprovechar en la perspectiva revolucionaria”.

 

Encontramos esta distinción poco convincente y llena de peligros. De hecho no conseguimos comprender como pueden ser definidos como “revolucionarios” militantes de una organización que, según vuestra definición, no hicieran propios los elementos fundamentales de la crítica marxista del modo de producción capitalista; a menos que vosotros por “cuadro” no entendáis solo la figura del revolucionario profesional, o que cuando os referís a la organización de los revolucionarios no tengáis en mente una organización de masas. Pero definir una organización de masas como una organización de revolucionarios nos parece como poco contradictorio. Se nos escapa, después, sobre que base tiene lugar  la distinción entre revolucionario y cuadro. ¿La lectura de un cierto número de libros de Marx? ¿Y quien comprueba que el revolucionario haya conseguido una asimilación profunda del método marxista, etc., etc.? ¿Un jefe, un comité central, una especie de demiurgo, único depositario del verbo revolucionario? A menos que por cuadro no deba entender solo aquel que decide hacer de una militancia revolucionaria también la profesión de la que extrae los medios para su sostenimiento.

 

Pero si es así, es casi inevitable que el partido, en un contexto en el que el impulso revolucionario de la clase tendiera a perder intensidad, se transforme rápido en una especie de secta de algunos miembros, habiendo “alcanzado una asimilación profunda del método marxista”, y dado el don de ser capaces de “identificar las contradicciones de la formación económica-social en la fase histórica específica y poderla aprovechar en la perspectiva revolucionaria”. Es decir, dado el don del saber revolucionario.

 

 

 

Si las cosas son así, entonces la distinción organización/partido tiene sentido, porque asegura a su grupo dirigente el control total e incontestable del partido y de la organización, allí en donde es del todo evidente que al primero se le reserva, en palabras de Bujarin, la tarea de “dirigir y mandar” y a la segunda la de marchar al ritmo militar del jefe del partido, de este a su estado mayor, y, descendiendo de grado en grado, hasta el último militante según un esquema jerárquico-piramidal que nada tiene que ver con el centralismo democrático pero que ha sido el esquema organizativo de Lotta Comunista tal como lo concibió en su tiempo Arrigo Cervetto.

 

La organización revolucionaria es para nosotros única: el partido comunista constituido por cuadros revolucionarios y organizado sobre la base del principio del centralismo democrático.

 

En conclusión, compañeros, la experiencia de la izquierda comunista ha sido seguramente una gran experiencia y no renegamos de ella. Sin embargo, consideramos que debe ser considerada una experiencia históricamente agotada. Por ello, más que reivindicar su continuidad. Eventualmente traicionada por otros, consideramos que la tarea hoy de las desaparecidas vanguardias que sobrevivieron a las innumerables derrotas sufridas en el último siglo por nuestra clase, consiste en realizar todo esfuerzo posible para llenar el vacío de elaboraciones y sistematización teórica que esa izquierda nos ha dejado, aunque solo sea porque ha vivido y se ha consumido, en otro tiempo, en otra fase del capitalismo.

 

Hoy nuestro enemigo es un capitalismo maduro, tanto en su perfil económico como en su perfil social, político y cultural; y pensar en poderlo combatir partiendo de la suposición de que nada ha cambiado  significaría entregarse a la derrota mas total incluso antes de haber iniciado la batalla.

 

 

 

Con nuestros fraternales saludos.

 

Miércoles, 20 de febrero de 2013

 

Istituto Onorato Damen

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